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Reaparición de los tempranos conflictos y angustias infantiles a la terminación de un análisis. Dos formas de angustia, comprendiendo todas las situaciones angustiosas infantiles: 1) Angustia persecutoria, que predomina durante los primeros meses (posición esquizo-paranoide); relativa a los peligros que amenazan al yo. 2) Angustia depresiva que culmina hacia la mitad del primer año; relativa a los peligros que amenazan al objeto amado aparece una mayor síntesis de la libido y la agresión (aspectos: bueno y malo del objeto); enlazada con culpa y tendencias reparadoras (posición depresiva); acentuada por el destete — pérdida del objeto amado primario. Duela inherente a la posición depresiva, superado por la prueba de la realidad. Estos procesos son revividos en todas las situaciones de duelo, inclusive la terminación del análisis. Es inevitable que la superación del dolor, al fin del análisis sea llevada a cabo por el paciente mismo, y sólo tendrá éxito si la angustia persecutoria y depresiva ha sido reducida lo suficiente. Esta reducción (que en el desarrollo normal se alcanza al comenzar el período de latencia) es la base del nuevo criterio para la terminación del análisis (en niños y adultos); relación con el criterio usual. Conclusión relativa a la técnica; es esencial el análisis de la transferencia positiva y de la negativa; el énfasis sobre la transferencia positiva favorece la idealización del analista, impide el análisis de las primitivas figuras perseguidoras y de la angustia persecutoria; trabajando con esta última y modificándola en el curso del análisis, se consigue una mayor integración del yo, una síntesis más completa de la agresión y la libido, y una disminución del odio por medio del amor. Cuando estos hechos están lo suficientemente establecidos, la terminación del análisis no es prematura, aunque pueda reavivarse la angustia aguda.