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A la pregunta “¿por qué cuando los niños pasan por el estadio más activo de su organización oral, y especialmente la fase llamada de sadismo oral, no se muerden a sí mismos, por regla general?”, el autor contesta diciendo que la “barrera contra el dolor”, que ya entra en acción desde el momento del nacimiento, desvía el instinto destructivo del Yo y del propio cuerpo de la criatura, reforzándose después, a partir del tercer mes, con el desarrollo gradual de un Yo que regula y distribuye las tensiones instintivas, tanto agresivas como eróticas. Esta doble protección contra la autodestrucción infantil explica satisfactoriamente la ausencia de una contrapartida auto-lesiva del autoerotismo infantil, antes de la aparición de necesidades, actos y fantasías masoquistas. Puede explicar, igualmente, la intensidad de la agresión vuelta hacia el mundo exterior y el subsiguiente incremento de sentimientos narcisistas cuando esta forma de dominio tiene éxito. El narcisismo infantil es una protección contra la auto-destrucción, aunque no contra accidentes y peligros externos. Es bien conocido que la atracción que el niño ejerce sobre la madre, se debe al exaltado narcisismo del primero, con el que se identifica la segunda. Para el niño, esto significa recibir más amor, y ese amor puede concebirse fácilmente como una tercera capa protectora contra la vuelta de la agresión hacia su cuerpo y su Yo. Se supone que únicamente el niño pequeño goza de esta triple protección contra la autodestrucción.