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Con la palabra placer nos referimos a una emoción consciente que acompaña a la descarga de la tensión instintiva, solamente si esta descarga es aprobada por la personalidad total. Una descarga de tensión que no reciba esta aprobación, se denomina satisfacción instintiva. La presencia de placer mientras aumenta la tensión instintiva, se explica como resultado de la anticipación de la descarga futura de tensión. Parece de importancia el acto de la anticipación y no la localización anatómica (pre-placer). Si por algún motivo no tiene lugar esta anticipación, experimentaremos placer (placer final) sin ningún incremento de la tensión; por ejemplo, el beso a continuación del acto genital.
Siendo la experiencia del displacer una de las condiciones para la experiencia placentera, nuestro objetivo en la vida no puede ser el evitar el displacer, sino más bien soportarlo y superarlo. En este sentido, el placer no aparece ante nosotros como un premio adicional que obtenemos por haber descargado nuestra tensión instintiva. Más bien, nos “persuade” de que toleremos por un tiempo el displacer de la tensión instintiva, mientras conseguimos un objeto con ayuda del cual no sólo es posible la descarga, sino también la obtención de placer para el total de nuestra personalidad.
Finalmente, tenemos la impresión de que la acumulación de placer no conduce necesariamente a la felicidad. Nos parece que esta última sólo puede experimentarse cuando el sujeto logra encontrar un objeto deseable, tanto para satisfacer la libido de objeto, como la libido narcisista. Esta satisfacción puede producirse en lo que llamamos amor. Pueden distinguirse muchas formas y muchos grados de felicidad, pero en todos los casos se encuentra alguna identificación junto a una relación de objeto.