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La autora sigue la sugestión hecha por Freud de volver a estudiar el problema del conflicto psíquico en relación con el hecho de que una cierta cantidad de agresión libre sea necesaria para provocarlo. (Freud da un ejemplo en su Análisis terminable e interminable: En el caso del sujeto bisexual, la libido se distribuye entre ambas tendencias heterogéneas, en el heterosexual la tendencia opuesta se convierte en el mayor enemigo del equilibrio mental debido a la “intervención de un elemento de agresión libre”.)
Un sujeto sano crece a base de conflictos. Si éstos no se resuelven favorablemente, la agresión vuelta contra el propio ser ocasiona desadaptaciones, neurosis, trastornos de carácter, etc.
El Yo sano encuentra otras posibilidades de manejar el instinto destructivo, v. g., en la sublimación de éste en la actividad, Sin embargo, esta solución normal sólo es posible cuando la organización del Yo ha alcanzado un nivel adulto. Si tiene lugar una fijación al Yo infantil (o una regresión al mismo), aun cuando sea parcial, se hace imposible una solución de acuerdo con la realidad.
Se utiliza un caso de insuficiente desarrollo del sentido de la realidad, para demostrar que bajo esas circunstancias es inevitable una solución imperfecta del conflicto instintivo. Se da el ejemplo de un muchacho de quince años que asesinó a su amiga, un año mayor que él. Su amistad platónica se basaba, entre otras cosas, en las fantasías sado-masoquistas de ambos, un tipo de fantasía muy frecuente en los muchachos que llegan a la pubertad. También se había establecido un superyo activo. Pero la educación del muchacho, en un medio de estricto catolicismo, era contraria a la sexualidad, y él desconocía por completo (conscientemente) todo lo referente al sexo. Presa de un irresistible deseo de contemplar los genitales de la muchacha, había experimentado al mismo tiempo un gran terror a que ésta pudiera contar a sus padres su petición de que se mostrara desnuda. Este pánico lo llevó al asesinato,