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La teoría de la “etapa del espejo” fué presentada al Congreso Internacional de , pero nunca se publicó el informe.
El autor recalca la conducta que se observa en el primer año de vida del niño —el reconocimiento de su propia imagen en el espejo— y ha analizado la fenomenología y su significado “jubiloso”.
Define después una verdadera identificación con la imago del cuerpo mismo, cuyo
valor formativo y sentido libidinoso deben ser comprendidos a la luz de la incoordinación ambulatoria y manual, propia del niño humano a esa edad, y contra el fondo de las imágenes del “cuerpo desmembrado”, de las cuales ha promovido el autor la función primaria.
Esta identificación, en el momento en que el organismo anticipa el dominio del ambiente y cuando el sujeto encuentra el triunfo en la Gestalt misma, que sería más apropiada para incrementar su propia miseria, nos da la primera forma y sentido de estas dos funciones, de las cuales, una se denomina en nuestro concepto tópico, el Yo, y la otra, en nuestro concepto energético, narcisismo. En este concepto se encuentran los hechos que las distinguen en el pensamiento freudiano: la negación idealizada para la primera y la negatividad vital para la segunda.
Todavía es necesario desechar el último residuo del “sistema de percepción consciente” concebido como correspondiente a una realidad absoluta, entendiendo que el “hombrecito” que la psicología clásica persiste en imaginar “dentro del hombre”, debe considerarse realmente hacia el exterior, y que el desarrollo total del ser humano es la dialéctica de una síntesis imaginaria que comienza con su alienación1 original. Esta alienación, que representa la meta del estadio del espejo, llega realmente a su fin cuando, a los dieciocho meses, el Yo se precipi a en la identificación transitivista con el socio.
El autor se ha esforzado desde hace largo tiempo en demostrar que este fértil momento de la socialización imprime su sello paranoico en el conocimiento humano. Más recientemente, el autor ha