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El Neoanálisis surge de una drástica eliminación de todos aquellos puntos psicoanalíticos que en el curso del desarrollo del psicoanálisis despertaron resistencias.
La “ampliación” del concepto de sexualidad se reduce a un concepto preanalítico popular, perdiéndose así la concepción total de la misma: sexualidad infantil, perversa, normal y neurótica.
El punto fundamental de la genitalidad no se considera en su papel, dentro de una secuencia objetiva y determinada biológicamente de las etapas libidinosas, sino en su aspecto caracterológico. Según Sch.-H., los términos “oral” y “anal” no son utilizables para referirse a ese aspecto, toda vez que “la literatura ha inculcado insistentemente a los lectores, el significado libidinoso, sexual”. De aquí la necesidad de emplear otros términos, v. g., “captativo” y “retentivo”. La primitiva “oralidad” del psicoanálisis se convierte así en un caso especial (no sexual, aunque placentero) de la tendencia captativa, y lo “anal”, en un caso especial de la actitud retentiva. La verdadera conexión genética entre las necesidades instintivas elementales y los rasgos caracterológicos queda abolida, pues, en favor de una conexión meramente lógica de sub o superordenación. Además, todo el amplio campo de expresiones orales y anales, tanto primarias como caracterológicas, se reduce a los términos captativo y retentivo.
Freud entendía por “instinto” y “libido” (la energía de aquellas necesidades relacionadas con el amor en el sentido más amplio de la palabra) algo objetivo. Sch.-H. considera las “fuerzas objetivas” como “fundamentos inadmisibles”.
El neoanálisis elimina grandes conceptos de Freud, desarrollados partiendo de la observación de los hechos, como son, (a) el de los impulsos antitéticos fundamentales (Yo e instintos sexuales. Eros e instinto de muerte), (b) el de una mente estructurada en instancias psíquicas. Los ha reemplazado por un esquema puramente convencional de tres órdenes de impulsos, (a) el de las tendencias posesivas (c