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No es el propósito del psicoanálisis privar al paciente de la capacidad de hacerse ilusiones. La incapacidad en este sentido es, ella misma, la indicación de un empobrecimiento del Yo, comparable a las inhibiciones sexuales.
Si bien las ilusiones ingenuas conducen a decepciones traumáticas, las ilusiones controladas son un compromiso entre el principio de la realidad y el principio del placer. La importancia de las ilusiones controladas, en el amor de los padres por sus hijos, en el amor sexual, en la moral militar, en las artes, en la religión y en los sistemas de valores, está plenamente demostrada.