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“Éste es el camino de la cultura: la transformar ción del ello en yo”.
Pretender aplicar los conocimientos que nos proporciona la psicología del individuo a las masas, a la historia del pasado olvidado de la humanidad, a las leyendas, mitos y demás producciones del hombre primitivo, es un camino algo peligroso y lleno de sorpresas. A pesar de reconocer la complejidad y los obstáculos que se presentan en una tarea de esta naturaleza, no me resistiré a la curiosidad y seducción de afrontar el peligro que implica el tratar de comprender un tema mítico. Me anima, sobre todo, el poder disponer de un método de aproximación y comprensión que facilita el acceso a los contenidos más profundos de la vida humana: la técnica de investigación psicoanalítica.
A partir del monumental ensayo constituido por Totem y Tabú, la antropología psicoanalítica ha proporcionado inestimables contribuciones al estudio de muchos aspectos de la cultura humana y de la psicología de los pueblos. El trabajo con pacientes neuróticos nos obliga muchas veces a tratar temas míticos o legendarios elaborados en los sueños o en las fantasías diurnas. Y es notable la semejanza de lo que significa simbólica y económicamente esta forma de exteriorizar afectos, con el valor que, en general, se les concede a las leyendas como recuerdos encubridores de situaciones correspondientes al período prehistórico de los pueblos. En uno de sus trabajos fundamentales nos enseñaba Freud1 que, a la aproximación superficial entre sueños y mitos, el estudio psicoanalítico añade “una visión genética que permite considerar a los mitos como los escombros deformados de los sueños de deseo de naciones enteras y, por así decirlo, como los sueños seculares de la humanidad joven”. El mito representaría para la filogénesis, lo que el sueño significa en la vida del individuo, concepción que implica la existencia de un