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Los problemas concernientes a la agresión cristalizaron en el pensamiento de Freud sólo gradualmente, pero una vez arraigados el retardo le pareció difícilmente comprensible (1932). Freud responsabilizó de este retardo a su propia “resistencia”; sin embargo, parece preferible considerar algunas de las etapas que lo condujeron a la formulación final de sus puntos de vista.
La antigua tradición religiosa abundante en referencias a la bipolaridad amor-odio no parece haber determinado el interés de Freud antes de que estableciera su propio enfoque; tampoco buscó estímulo en los escritos reveladores de Nietzschs. Confió principalmente en sus propios recursos, en la interacción constante de los datos clínicos y las presunciones teóricas. En sus obras, la mayor parte de las formulaciones sobre el problema de la agresión están íntimamente vinculadas a ese período, aproximadamente desde 1911 a 1926, en el cual reformuló en varias etapas sus hipótesis básicas. Los puntos de partida de Freud fueron sus primeros hallazgos e hipótesis relativos a la naturaleza de los impulsos instintivos. En sus primeras formulaciones teóricas sobre este tema (Tres Contribuciones a la Teoría Sexual, 1905), su atención se centralizó en el desarrollo de la sexualidad y las vicisitudes de la energía psíquica vinculadas al impulso sexual, es decir, en las vicisitudes de la libido. Consideró los impulsos de naturaleza agresiva —manifestaciones destructivas o crueldad— como constituyentes de la sexualidad, como “un agregado de la misma, una propensión a sojuzgar, cuyo significado biológico reside en la necesidad de superar la resistencia del objeto sexual por medios distintos al galanteo”. Por lo tanto, consideró a los impulsos agresivos como derivados de un impulso para el dominio sexual (Bemaechtigungstrieb) 1.