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Esta contribución a la medicina psicosomática es la continuación de La función, del orgasmo, volumen I de esta serie. Reich sostuvo, en efecto, desde hace muchos años que ningún trastorno neurótico podía ser curado sin “eliminación de la estasis sexual a través de la descarga orgásmica”, pero llegó más tarde a la conclusión de que la fórmula del orgasmo (tensión mecánica-carga bioenergética-descarga bioenergética-relajación mecánica) era “la fórmula de la vida como tal”. De ahí procedió a la descripción de una “energía vital” llamada orgone y organizada en “vesículas energéticas” (biones) observables en el microscopio y, finalmente, afirmó la formación de los “biones” en materia inorgánica. Clasificó los biones en dos clases, PA y T, de los cuales los primeros contendrían una gran cantidad de orgone, mientras que los segundos representarían productos de degeneración que se desarrollan cuando las células pierden su carga orgónica, y formuló luego una patología general apoyada en este antagonismo. Sin entrar en mayores detalles al respecto y dejando de lado las relaciones que encuentra el autor entre su “energía vital” y las radiaciones cósmicas, podemos decir que se trata de observaciones y conclusiones que están decididamente fuera del campo de competencia del psicoanalista. Lo que, en cambio, vuelve a entrar en este campo, es lo que el autor tiene que decir sobre las relaciones entre psiquismo y cáncer. El cáncer es, en efecto, para él una biopatía constrictiva “que repetiría en la motilidad del plasma lo que ocurre en la motilidad muscular de los neuróticos”. “La biopatía cancerosa no es nada más que una forma particularmente severa de una neurosis de carácter, si entendemos por carácter el modo reaccional biofísico de un organismo”. De tal modo el cáncer se debería a una oscilación de la función plasmática entre pulsación y no pulsación, comparable a la misma inseguridad del funcionamiento muscular en los neuróticos. Reich considera que la “constricción biopática