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Dice Glover, en el prefacio de este libro, que cuando, hace unos 20 años, sugirió a Ernest Jones la conveniencia de enseñar a los candidatos en formación psicoanalítica los sistemas de los cismáticos psicoanalíticos como Jung, Adler y Rank, el maestro inglés rechazó el proyecto con el comentario breve: “¿Por qué malgastar el tiempo de ellos?” Agrega, que él mismo nunca estaba de acuerdo con esta opinión, y que el presente libro es expresión de esta disensión. Lo curioso del caso, es, sin embargo, que el resultado de sus 207 páginas de comparación entre Freud y Jung conduce al autor a exactamente la misma conclusión que formuló Jones hace 20 años. Por donde Glover estudia el problema, en cuanto a las estructuras mentales, la energía mental, los mecanismos mentales, la teoría de carácter y conciencia, la interpretación de sueños y las neurosis, el concepto de la individuación, las nociones sobre sociología, política, religión y arte siempre resulta que la psicología freudiana es clara y precisa, y la junguiana oscura y vaga. Hay que reconocer que la argumentación del autor es contundente, tan contundente, en efecto, que bien podría haber renunciado al tono polémico extraordinariamente agresivo que caracteriza su obra. El comentarista encuentra particularmente concluyente el capítulo sobre la supuesta religiosidad de Jung que termina, muy a propósito, con el consejo del ateo Freud a los que quieren reemplazar el Dios de la religión con un principio abstracto, nebuloso e impersonal, de recordar la admonición de la Biblia de no usar el nombre de Dios, Nuestro Señor, en vano.
Si, pese a esta brillante exposición, quedan ciertas dudas, se deben, en la opinión del comentarista, a que Glover, en su afán de derrotar a Jung, obró más con métodos de la lógica formal consciente que con el respeto del psicoanalista de aceptar, en su labor psicológica, también verdades que, por lo menos por el momento, se escapan a la luz a veces encandilante de esta lógica fría. Decir que Jung es,