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Comienza exponiendo un caso en el cual la paciente procuraba transformar al analista en su padre. Aclara que esto no es transferencia; ella no transfería sus emociones desde el padre al analista. Muestra así cómo los esfuerzos por establecer una identidad entre las imágenes presentes y pasadas pueden impedir el establecimiento de la transferencia. Para Nunberg transferencia significa: el desplazamiento de emociones pertenecientes a una representación inconsciente de un objeto reprimido, a una representación mental de un objeto del mundo externo, el analista.
Expone luego otro ejemplo. Una paciente al escuchar la voz de su analista la oía igual a la de su padre. Esta paciente había tenido éxito en lograr el establecimiento de la transferencia. Había logrado reactivar la imago de su padre a través del “medium” de una persona real, el analista.
Después analiza un sueño, mostrándonos a través del mismo cómo una expectación real (resto diurno) produjo una regresión reactivando una situación infantil, la que en el sueño adquirió cualidades de realidad. Freud llamó a este fenómeno “identidad de percepciones”, es decir, ideas y emociones presentes y pasadas aparecen idénticas por un tiempo. En otro ejemplo muestra cómo también fuera de la situación transferencial se transfieren experiencias infantiles en la realidad.
Más adelante nos dice que el acto de establecer “identidad de percepciones” es un acto basado en proyecciones e identificaciones. La identificación del paciente con el analista se establece por el solo hecho de que ambos persiguen una finalidad común, curar al paciente. Luego en la reviviscencia de las identificaciones profundas con los padres se cumple la proyección. Llegados a cierta profundidad en el análisis los límites del yo se borran y es difícil distinguir entre identificación y proyección.
La tendencia a la “identidad de percepciones” parece satisfacer la compulsión a la repetición. Esta última, asociada a la transferencia parece ser una fuerza progresiva