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Existe actualmente entre los psicoanalistas cierta inquietud respecto de los fundamentos de la teoría psicoanalítica: la teoría de la libido y la del instinto. Esta inquietud se originó cuando Freud, en Más allá del principio del placer, desarrolló una teoría dualista del instinto, la que suponía que la vida, tanto en sus manifestaciones normales como en las anormales, era controlada por la dinámica antagónica de un instinto constructivo de vida —de índole libidinosa— y un instinto autodestructivo de muerte —de índole no libidinosa. muy sencillamente este principio de autoconservación inherente a los instintos desarrollada en base al estudio clínico de las neurosis de transferencia, era también dualista y contemplaba un conflicto entre el yo y el instinto sexual o, como lo expresó Freud entonces, un conflicto entre los instintos del yo y los instintos sexuales.
En su Introducción al Psicoanálisis1, dice Freud: “El psicoanálisis nunca ha olvidado que también existen instintos no sexuales; el psicoanálisis ha sido construido sobre una exacta distinción entre instintos sexuales e instintos del yo y, frente a toda oposición, ha sostenido, no que las neurosis surgen de la sexualidad, sino que deben su origen a un conflicto entre el yo y la sexualidad”.
Los instintos del yo eran los instintos de autoconservación. Freud formuló Recuérdese que la primera teoría fundamental de Freud sobre los instintos, del yo, al decir: “En todos sus conflictos, el yo no puede tener otro fin que mantenerse a sí mismo”.
La teoría del instinto con la que Freud inició sus investigaciones psicoanalíticas tuvo así un punto común con la teoría con la cual Freud concluyó esas investigaciones: el principio de un dualismo que se refleja en la dinámica de dos energías instintivas rivales.
Así, el enunciado del primer concepto era: autoconservación contra sexo o, según lo expresara Freud en términos biológicos: “El yo, en su capacidad