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Según G. F. Mahl, del estudio de la literatura sobre úlcera gastroduodenal se puede deducir que “angustia o miedo, crónicos” son el factor más importante en la patogénesis de la úlcera. Afirmación que puede ser discutida a la luz de la literatura pertinente.
Llevado por esta idea, Mahl hizo experimentos de estimular a perros con numerosos choques con una corriente eléctrica intensa, que iban acompañados irregularmente de un sonido especial. De este modo creyó provocar un estado de “temor crónico” en los perros. Realmente lo que consiguió fué una desorganización masiva de la conducta de los animales con regresiones en el comportamiento.
Esos experimentos provocaron un aumento de la actividad secretoria gástrica de los perros, pero no úlceras. La hiperactividad gástrica puede ser explicada por la regresión. Ocurre también en casos de rabia. Por otra parte, si los experimentos no produjeron úlceras, fué seguramente debido a que el aumento del ácido gástrico clorhídrico no fué lo suficientemente intenso.
En relación con el problema de la úlcera gastroduodenal en animales, Szasz señala también que una alimentación ficticia (alimentos que después de ser ingeridos salen al exterior por una fístula esofágica) produce regularmente úlceras en perros. Se crea así una situación experimental “llena de sentido”, al revés de los experimentos no específicos de Mahl. La alimentación ficticia que produce úlceras confirmaría la teoría de Alexander acerca de la úlcera gastroduodenal, que sostiene la existencia de un anhelo hacia la madre, en la forma de un anhelo por alimentos no satisfecho.
Al igual que la anterior, se cita la observación de Konjetzny y Puhl (Das sogennante Ulcus pepticum des Magens der Absatzkaelber. Virchows Arch. f. Path. Anat., tomo 262, 615, ), de que úlceras gastroduodenales son observadas a menudo en terneras en los tres primeros meses de vida, cuando los animales son cambiados de la dieta láctea a forraje sólido. Las terneras suelen tener anorexia, pérdida de peso