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Son primeramente descritas algunas características de la serpiente, refiriéndose a la extrañeza que ellas despiertan en el hombre, y que es debido a que en el fondo de lo vivo hay una capa que se manifiesta en el ser de sangre fría que es la serpiente. Keyserling la ha designado con el nombre español de “gana” y cree que se observa sobre todo en el hombre suramericano.
El culto a la serpiente ha existido en muchos pueblos. Entre los egipcios todo lo que daba vida o llevaba a la muerte tenía algo que ver con la serpiente. Como divinidades o demonios, las serpientes eran seres acuáticos, que fecundaban la tierra con humedad. También el sol era representado como un disco, con dos serpientes aladas. La posibilidad de la serpiente de cambiar de piel indica el poder de rejuvenecerse.
En la India, se representaba la serpiente de muchas cabezas. (También en Grecia, la hidra, de la cual Freud señaló su relación con las fantasías del enurético.) En China, el dragón (que etimológicamente significa serpiente). En Asia Menor también aparecían serpientes en los cultos de la “gran madre”.
La serpiente representa lo primitivo de la vida. Esto llena totalmente al tipo de hombre que está en contacto con la naturaleza. En cambio, para una consciencia alejada de la naturaleza, esta vida primitiva y con ella la serpiente, se hunde en lo crepuscular y oscuro. Así, en el devenir mitológico en Egipto, se hizo caer de lo alto al “dios bueno” Set y a su serpiente Apep, convirtiéndolas en representantes de lo malo. La cabeza de la serpiente fué cortada por el dios solar.
También la serpiente representa lo malo en el judaismo y cristianismo, por una desvalorización de las fuerzas divinas de la naturaleza. En cambio, en cultos paganos la serpiente tuvo un simbolismo fálico.
G. G. Jung ve en la serpiente un representante del “falo negativo”.
De la serpiente se espera la lluvia, por lo que es el genio de fuentes y manantiales. Pero lo es también de las sepulturas.
Dos serpientes lamían las orejas a Casa