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Una teoría de los delirios tendría que explicar la causa de su inaccesibilidad a la influencia.
Toda concentración de libido va en detrimento del juicio de la realidad; a esta expresión de Freud, añade el autor el concepto de que el sentido de la realidad puede ser perturbado cuando existe una concentración de tendencias destructivas, ya sea sobre un objeto externo o en el propio yo.
El megalómano, por ejemplo, no puede apropiarse de las experiencias correctoras porque no tiene a su disposición la cantidad de libido necesaria para que el proceso pueda operarse. La función judicativa, e incluso Ja perceptiva es función del estado de las catexis.
Para aclarar las dudas que pudieran plantearse ante estas afirmaciones, el autor se ocupa del mecanismo de proyección. Considera que es la negación de los propios impulsos, lo que lleva al desenlace de afirmar en otras personas los impulsos que han sido negados. La proyección es una forma de negación con una contracarga específica; por ejemplo: una negación, “yo no hice tal cosa”, se puede fortalecer en una forma especial de contracatexis por una proyección, “es él quien lo ha hecho”.
Freud, en sus primeros trabajos ya comprendió este mecanismo sin considerarlo específicamente, y lo refirió a la negación de los impulsos instintivos. En los trabajos de épocas posteriores se refirió a otro aspecto de la negación: el de la realidad frustradora.
Siguiendo las ideas de Tausk, el autor sostiene que aquellas personas de las que el paranoico ha retirado su libido, son las que luego reaparecen ante él como objetos extraños. En el retorno del lo reprimido se imponen a la conciencia hechos que fueron negados cuando ocurrieron, de allí que el delirio tenga una raíz de verdad histórica.
Las ideas paranoides serían la resultante de un fracaso del mecanismo de negación, en la misma forma en que los síntomas psiconeuróticos son los resultados del fracaso de la represión u otros mecanismos de defensa.
El autor plantea entonces una teoría unificada d