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Sometimiento a la Circuncisión.
¿Masculino o Femenino?
Intentos de rechazar la Circuncisión.
Freud dice que las raíces más profundas del complejo de castración parten de edades tan tempranas que las consideraciones psicológicas deben dar lugar a consideraciones biológicas1. Puede distinguirse la homosexualidad —que se atraviesa constantemente en el camino de la heterosexualidad, complicándola y, sin embargo, enriqueciendo en su lucha la vida del hombre— como uno de sus fundamentos biológicos.
Entre las más significativas de las numerosas manifestaciones del complejo de castración se encuentran las dudas sobre el propio sexo o el de otras personas y el temor de pertenecer al sexo opuesto. La insatisfacción con el sexo concedido por la naturaleza se encuentra muy extendida, tanto en los pueblos primitivos como en los más civilizados. Son expresiones de esta insatisfacción las variadas formas de circuncisión practicadas por los salvajes, los antiguos egipcios, la que aun practican —por razones religiosas— los judíos y mahometanos, y las llevadas a cabo en la actualidad en los pueblos anglosajones pretextando razones higiénicas.
Ya en 1912 Freud reconoció la relación íntima entre circuncisión y castración y Theodor Reik2, en su excelente estudio sobre los ritos de pubertad entre los primitivos, demostró que la circuncisión representa una castración simbólica cuya finalidad es prevenir al incesto3. Mediante estos ritos, el muchacho es declarado hombre, ingresa en la comunidad masculina y puede tener relaciones sexuales con objetos no incestuosos.