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Es una tentativa de “reportaje científica” (pág. 235) sobre la psicología de los sueños, y sigue preferentemente las ideas de Adler.
Con Adler coincide el autor en dar poca importancia a los sueños, creyendo que “en una humanidad, cuya cultura media sea más elevada que la nuestra, la ‘interpretación de los sueños no dejará de ser más que una diversión placentera, un mero juego de sociedad” (pág. 234).
Esta desvalorización psicológica de los sueños es motivada por una huida ante los contenidos reprimidos angustiantes. Por ello las interpretaciones rehuyen los factores esenciales de los sueños y tienden a perderse en lo vago y general. Así “…un ave de rapiña roba o mata a otra menos fuerte… (son) imágenes que expresan la vida ascendente o descendente.” El sueño de la escala al cielo de Jacob es interpretado como que el soñante se encuentra próximo a despertar. “Subir por una escalera, en el interior de una torre, y otras imágenes más, expresan principalmente, y sin ningún género de duda, el deseo de despertar, de “remontarse a la superficie” (pág. 178). El estar en el centro de una ciudad, lejos del hogar, significa simbólicamente el encontrarse sumido en el sueño, dormir (pág. 141). El sueño de un individuo, en el que besa a dos mujeres y luego un hombre le quiere matar, es explicado como “un arreglito” del individuo, para “no tener que cortejar a ninguna muchacha” (págs. 51-52). Los sueños de volar son sueños “arquetípicos” que simbolizan “en realidad, el mismo dormir” (pág. 69).
Con estos antecedentes no extrañará que el autor ataque al “pansexualismo” de Freud y que éste se interese por los sueños. El desacuerdo interior en que inconscientemente el autor se encuentra consigo mismo se trasluce en sus propias contradicciones en lo que hace decir a Freud. Así: “Creemos que si no tuviéramos sueños dormiríamos mejor, escribe Freud, un gran intérprete de los sueños, aunque demasiado mendaz” (pág. 76). Y en la pág. 79: “Huelga decir que la interpretación de Freud de que sin