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Freud usó el término ideación para el resultado del proceso primario del pensamiento y pensar para el secundario. Ambos son consecuencia de una derivación del paso del instinto hacia la gratificación.
Anteriormente a la ideación existe la descarga directa o gratificación de la tensión instintiva. Si hay una interferencia exterior, ocurre una descarga de la tensión instintiva en el soma, lo que constituye la descarga afectiva, arquetipo de toda conducta afectiva ulterior. La acción motriz trata de modificar el ambiente exterior, para hacerlo propicio, mientras que la descarga afectiva tiende a cambiar el ambiente interno somático.
El segundo efecto de la interferencia y retardo en la descarga es la emergencia de la imagen alucinatoria del objeto instintivo, lo que constituye el arquetipo del pensamiento. Es un esfuerzo abortivo de descarga, posible debido a la movilidad de las cargas, que permite a éstas desplazarse de la percepción del objeto satisfaciente a la huella mnémica de dicho objeto.
La experiencia original de la percepción del objeto satisfaciente es difusa. Esta representación instintiva se va diferenciando y multiplicando, dando origen a varias representaciones relacionadas con el instinto. Entonces se produce una organización instintiva de la memoria. Hay un desplazamiento de la energía instintiva a una u otra de dichas representaciones. También hay condensaciones, que pueden reunir gran intensidad de cargas, a través de la cual, en algún caso, puede hacerse consciente una idea. Todo ello obedece al principio del placer.
El proceso secundario convierte la interferencia exterior y el retardo involuntario de la descarga instintiva en un retardo controlado internamente, siguiendo el principio