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A pesar de su orientación que les hizo “reluctant to believe that disturbance in the nervous system is capable of producing structural change in an organ apparently so remote as the stomach”, los autores estudiaron 205 enfermos ulcerosos desde el punto de; vista psicológico, controlando sus resultados con 100 enfermos de hernia, y observando diferencias muy patentes.
En el 84% de los ulcerosos, los síntomas empezaron poco después de que algún acontecimiento afectase el trabajo del enfermo, su situación económica o la salud de la familia, lo que sólo ocurrió en el 22 % de los herniados.
Son significativas las expresiones de los enfermos. Uno de 29 años, la primera vez que concurrió a la clínica, se quejó de que su negocio no andaba bien y, además, del embarazo de su esposa, que le intranquilizaba. Recurrió nuevamente al tratamiento seis meses más tarde: “Como mi hijo ya tenía cinco meses, debía abandonar el negocio para ocuparme de él. Los pies de mi mujer se hincharon y le dolía la espalda… Mi negocio es a base de crédito y necesito conseguir dinero, si deseo continuar. No estoy asegurado y el cuidado médico de mi esposa me cuesta mucho. Me citaron a la policía por vender cosas fuera de las horas permitidas. Me pusieron una multa de 7 chelines.”
Se curó, también radiológicamente, y año y medio más tarde empeoró siéndole visible una úlcera de la curvadura menor. “De nuevo me agarraron vendiendo cuando no estaba permitido. Esto es lo que me volvió a enfermar. En realidad, no me preocupé por la situación, pero dentro de uno las cosas van mal y uno se enferma, al no poder pensar en otra cosa.”
Una mujer de 57 años enfermó de úlcera cuando su tía o abuela no le pudo dar más dinero. Otra de 65 años, cuando el marido la abandonó y su subsistencia dependió del envío del dinero del marido lejano. Un carnicero de 53 años tuvo la úlcera cuando abrieron un carnicería enfrente de la suya.
Los autores también estudiaron los factores psíquicos de la recurrencia de la úlcera en enfermos