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El tema de la hipocondría ha sido extensamente tratado. Freud se ocupó del mismo en 1895, separando la hipocondría de las demás “neurosis actuales”. En 1914 explica el carácter narcisista de esta enfermedad y muestra su relación con la esquizofrenia. Se refiere también a la casi imposibilidad de tratar estos casos por la dificultad de establecer una transferencia provechosa. En 1923, en Una neurosis demoníaca del siglo XVII, dice, con visión genial, que lo que antiguamente era revestido con vestiduras demonológicas, en esta época antipsicológica se reviste con aspectos hipocondríacos. Para Freud la teoría demonológica de aquellos oscuros tiempos se mantiene en pie frente a las interpretaciones somáticas de la época de las “ciencias exactas”.
Schilder y Nunberg también se ocupan del tema. Fenichel es el autor que lo analiza más acabadamente en su “Teoría especial de las neurosis”.
El presente caso tiene el valor de un ejemplo que muestra con claridad los mecanismos conocidos en la hipocondría. Aparece claro cómo la enfermedad representa el sometimiento masoquista del paciente a un objeto del superyo: su padre.
Además, aporta la experiencia de la transformación —que hizo posible el tratamiento— de una enfermedad tan “narcisista” en una enfermedad “transferencial”.
Por fin, considero importante el éxito terapéutico de este caso, para su presentación.