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El estudio del desarrollo femenino presenta para nosotros dificultades de la misma índole que las que encontramos hoy en día frente al estudio de todo problema de etiología. En cualquier caso dado, podremos seguir con bastante exactitud la serie de acontecimientos mentales que habrá determinado una buena o mala adaptación de la personalidad. Estableciendo comparaciones entre los diferentes sentimientos individuales, llegaremos a generalizaciones útiles en cuanto al tipo de acontecimiento mental que más probablemente habrá predominado en determinados tipos de casos, y la fase, etapa o edad que parece ser crítica para dichos casos. Sin embargo, es todavía sumamente difícil llegar a conocer aquellos factores específicos que hacen que el desarrollo se desvíe con preferencia por un camino u otro. Y, alternativamente, resulta difícil explicarse por qué ese camino permanece abierto, mientras que se han cerrado todos los demás. Cuanto más profundizamos nuestros análisis, más nos convencemos de la enorme importancia de los acontecimientos iniciales, ya que sus efectos modificarán todos los posteriores. Por eso, no obstante las diferencias que pueden todavía existir en cuanto a la edad en que aparecen los verdaderos impulsos genitales, en general se admite hoy que la naturaleza de la clásica fase edípica estará en gran parte determinada por la historia oral y anal de las fases que la preceden. Y son precisamente aquellos acontecimientos iniciales, cuando comienza el desarrollo en las primeras semanas y meses de vida, los que siguen