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Un futuro historiador de la psiquiatría moderna distinguirá probablemente tres orientaciones básicas que llamará, quizá, la francesa, la alemana y la americana. Podría, sin embargo, hablar también de modo sinónimo de los enfoques semiológico, etiológico y terapéutico. La psiquiatría americana nació, en efecto, como corriente autóctona bajo el signo del pragmatismo terapéutico, y el hombre quien le dió, en este sentido, el sello inconfundible, fué Adolf Meyer, suizo de nacimiento, pero norteamericano en todo lo demás.
Apreciar el papel descollante de este hombre extraordinario era, desde un principio, muy difícil para los que no se habían formado a su lado. Todos sus discípulos estaban, en efecto, de acuerdo en la experiencia de haber recibido una enseñanza predominantemente práctica, si se quiere casuística. El edificio teórico de la psiquiatría meyeriana resultó como resulta un círculo de innumerables tangentes. La producción literaria del maestro reflejó su método fielmente: no hay de él ni un sólo libro, pero más de 250 trabajos aislados. Pese a esto, percibimos hoy, ante la edición completa con que nos obsequia, bajo la redacción de Eunice E. Winters, la Universidad de Johns Hopkins, que cada uno de esos ladrillos, a veces en sí insignificantes, era necesario para levantar las paredes en que vive la psiquiatría americana. Se traduce, en efecto en cada uno de esos estudios el entusiasmo de un gran médico que no quiso