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Después de referirse a los trabajos de Beaumont y de Alexander, en relación con el funcionamiento del estómago, el autor expone un caso de un hombre con úlcera duodenal, diagnosticada a los 18 años. Se trataba de una persona sobrealimentada desde su primera infancia hasta que tuvo su úlcera. Los primeros síntomas gástricos se le presentaron a los quince años, cuando empezó a trabajar en una fábrica.
A los 23 años abandonó su empleo, porque durante todos esos años le fué imposible conseguir un aumento de sueldo. Empeoró digestivamente, aumentando sus dolores y vómitos, los que le obligaron a la internación.
En la exploración psiquiátrica, a la que el enfermo se sometía a disgusto, lo más importante fueron sus sentimientos agresivos y hostiles, que reprimía intensamente desde los 18 años, edad en que se propuso dominarse. Según el enfermo: “me domino todo lo que puedo … a veces tengo que llorar … Todo se reúne en el estómago … si no lloro, va a mi estómago.”
Durante una exploración de succión permanente de jugo gástrico, cuya secreción se inhibió totalmente mediante una inyección de enterogastrona, se sometió al enfermo a un examen psíquico, hasta que se le despertaron angustia y sentimientos hostiles, que no manifestaba claramente. Finalmente el enfermo lloró, con una gran cantidad de lágrimas y de jugo gástrico, con ácido clorhídrico libre, fluyendo ampliamente a través de la sonda.
Diez días después de una vagotomía subdiagramática y gastroenterostomía se repitió la experiencia anterior, sin conseguir modificación alguna en el volumen o acidez de la secreción gástrica.
Para explicar el que la rabia excite la secreción gástrica y el temor la inhiba, los autores emiten la formulación teórica de que en el niño hay una asociación emotiva entre rabia, que equiparan a llorar, y recibir comida. Llorar y rabia serían las primeras manifestaciones de displacer, que se aplaca con la comida, creándose así una ecuación psicológica. En el adulto ésta deja de existir, pero en los pred