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Freud dedicó escaso interés al problema de la sublimación artística y sus trabajos marginales sobre este tema no tienen la profundidad que caracteriza los otros. El motivo es un sometimiento a una estética filosófica teocéntrica, que lleva a pensar que el arte es un eco de la divinidad. La explicación de Freud de la experiencia artística, trazando una analogía con la de la fantasía, ha conducido a patografías y patobiografías muy poco explicativas. Hay que dedicar más el interés a las expresiones de la imaginación creadora que se observan en la práctica clínica. Así se llegará a describir la sublimación artística desde el punto de vista metapsicológico. Con lo que se aclarará su misterio, tal como Freud, cambiando su opinión anterior, lo expresa en El malestar en la cultura: “Esta clase de satisfacción, como la alegría del artista en la creación… tiene una cualidad especial, que algún día seremos capaces de definir metapsicológicamente.”
Garma.