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Los primeros ejemplos de actividades artísticas de los pueblos de la Edad de Hielo provienen de la época auriñaciense media, es decir, a partir de la mitad del último período paleolítico. En esta cultura auriñaciense la gran mayoría de las figuras encontradas son femeninas. Hay también representaciones aisladas de la vulva y ni una sola del pene. En cambio en el período magdaleniense, es decir, la última época paleolítica, hay representaciones frecuentes del pene y raras de la vagina. Las figuras humanas siguen siendo femeninas, pero se han vuelto formalistas y degradadas en un concepto de “mujer”, y no realistas. Las figuras masculinas son “danzarines enmascarados”, cubiertos con la cabeza de algún animal.
Las estatuas del período auriñaciense no tienen cara.
Es decir que hay una evolución hacia una representación formalista de la mujer, hacia un aumento de las figuras masculinas y también hacia un paso de la representación escultural al arte en dos dimensiones, o sea de lo más concreto y tangible a lo más abstracto y visual. Asimismo, hacia un paso de la representación de frente a la de perfil, lo que el autor interpreta como un paso de la representación del sujeto a la del objeto. Así los animales en el paleolítico fueron siempre representados de perfil.
En las figuras auriñacienses el torso de la mujer está ejecutado con gran realismo, exagerando los caracteres de los pechos y el vientre, sin vulva. La cabeza está sólo indicada, lo mismo que los brazos, y las piernas carecen de pies.
Algunas de esas figuras tienen como rasgo interesante que su forma sugiere la impresión de un pene con los testículos. Algo así como si hubiese una coaliscencia de los dos sexos. Esta asimilación del sexo femenino en el masculino nunca se halla tan clara que se pueda llamar intencionada, sino que debe proceder del inconsciente.
Hay dos obras de la época magdaleniense en que la combinación de falo y vulva es clarísima. En una, encontrada en España, en Cueto de la Miña, es una representaci