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Este pequeño trabajo se limita a exponer los contenidos de un síntoma muy frecuente, pero cuyo análisis no encontramos en la literatura psicoanalítica, del temor fóbico a las tormentas. Para ello daremos algunos datos de la vida de la enferma, cuyo tratamiento nos permitió, comprender esta fobia.
La enferma era la segunda hija de un matrimonio desavenido. En el hogar parental reinaba un ambiente impregnado de incomprensión e irritabilidad permanente. La madre era de carácter histérico, agresiva, inconsecuente y desamorada para con todos. El padre era explosivo, disconforme y disarmónico. Solía expeler ruidosos flatos frente a la familia y gozaba de ello, pero si alguien hacía lo mismo, se enfurecía y lo golpeaba. Mimaba a sus hijos mientras eran pequeños, para rechazarlos y maltratarlos después. La paciente compartía de chiquita el dormitorio de los padres. Más tarde observaba al través del ojo de la llave las relaciones íntimas de un matrimonio que convivía en la casa. Se acuerda de juegos sexuales entre los 4 y 5 años, que tenían características predominantes voyeurísticas y exhibicionistas. Cierta vez introdujo una pajita en el ano de una amiguita. Más tarde su interés voyeurista se desplazó sobre el cielo. Le gustaban los relámpagos y les daba un carácter de “aberturas”. A los 7 años asistió con su padre a una fiesta con fuegos artificiales. Lo perdió en la multitud y al sentirse sola, experimentó intenso terror. Cuando finalmente lo encontró, fué castigada por él y se orinó. Desde entonces, cuando el padre la castigaba corporalmente lo soportaba con estoicismo y un cierto aire de desafío, pero siempre orinándose. En la prepubertad,