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Un hombre de unos 40 años, que tiene la perversión de disfrazarse de sirvienta que está a las órdenes de una amante severa que le prohibe lavarse, hasta que sus manos se vuelven mugrientas, y que le obliga a no defecar hasta que no pudiéndose contener más, lo tiene que hacer en cualquier parte.
De su historia infantil resaltó que había sido encerrado por la institutriz en una chimenea, donde ensuciaba su traje blanco. De ahí empezó a tener interés por los limpiadores de chimeneas y también por entrar en la chimenea, saliendo luego de ellas lo más sucio posible. A los 7 u 8 años, se ensuciaba con heces y luego se masturbaba.
Sus primeros deseos transvestitistas aparecieron a esa edad, con el deseo de ponerse el uniforme negro de una enfermera. Tres años después lo efectuó, poniéndose el traje de una institutriz.
Durante la época de la escuela primaria conoció a un niño de su edad, con tendencias coprofílicas, que jugaba con montones de estiércol. Por entonces, él contó en la escuela que su madre le castigaba metiéndole en un montón de estiércol, lo que también le servía de fantasía de masturbación.
A los ocho años murió su padre, lo que desarrolló en él una ambivalencia intensa y posteriormente su sometimiento a una severa educación materna.
Su fantasía masturbatoria, de ser enterrado por la madre en un montón de estiércol, tiene el significado de un retorno intrauterino y también de coito incestuoso con colorido anal. Apoyándose en el castigo real anterior de ser encerrado en la chimenea, el ensuciarse significaba una reconquista del placer anal erótico primitivo. Esto es algo que satisfacía también en sus relaciones genitales adultas, cuando le prohibían lavarse o defecar.
El trauma de la muerte del padre lo resolvió siguiendo el modelo de la educación a la limpieza, o sea, erotizando analmente su conciencia. Ayudó a este proceso la severidad de la madre. En su relación masoquista con la madre y posteriormente en su perversión, satisfacía: la necesidad de castigo por la