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En este interesante y revolucionario estudio, después de considerar las distintas definiciones que se han dado de la contratransferencia, la autora acepta aquella de que ella es la totalidad de las actitudes o expresiones del analista hacia el paciente, conscientes o inconscientes, patológicas o no.
Cree que una de las causas de que haya sido tan poco estudiado este factor fundamental en el tratamiento psicoanalítico es la actitud fóbica o paranoide del analista hacia sus propios sentimientos, y que un retraso en el avance del psicoanálisis se debe a éste tal como lo afirmó Freud en relación con la transferencia.
La transferencia y la contratransferencia son inseparables y forman una unidad dinámica.
La fuerza conductora del análisis estaría en los impulsos del analista, modificados por una elaboración adecuada obtenida en su propio análisis para poder permitir o producir el mismo resultado en el analizado.
Después de este postulado, la autora estudia aspectos parciales del tratamiento analítico en los que se presentan actitudes contratransferenciales inadecuadas terapéuticamente; así, algo que actuaría como una voluntad inconsciente de no curar lo que daría satisfacciones narcisísticas, libidinosas o agresivas, produciéndose entonces una identificación con censuras del superyo del