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La autora llama la atención sobre la combinación de mecanismos defensivos que ha observado en el análisis de pacientes paranoicos. Durante el análisis ellos muestran rasgos característicos que se manifiestan por continuas quejas de sus síntomas de angustia y pánico: se sienten perseguidos por enemigos que buscan hacerles daño. Estos temores son transferidos al analista a quien acusan de incompetencia y de querer perjudicarlos. Tal el caso de uno de sus pacientes, que la atormentaba con quejas y reproches aún en el momento de partir. Apoyada en la sugestión de Freud de que la introyección es la única condición por la que el yo puede abandonar un objeto, la autora sostiene que el paciente, al dejarla a ella, la introyectaba para poder continuar sus ataques.
Cuando Freud introdujo el concepto de “el Ideal del Yo” que luego convirtió en “superyo”, ya había previsto la situación infra-psíquica como una relación objetal interna.
El tipo paranoico de introyección que se describe en el artículo que nos ocupa, establece un objeto interno al que el yo puede tratar con el mismo sadismo con que el sujeto desearía tratar al objeto original en el mundo externo. Esto resulta posible porque conjuntamente con la introyección ocurre un proceso de disociación en el yo, y la parte identificada con el objeto introyectado se separa del resto. El yo continúa así su sádica relación amorosa en esa nueva escena interna. Cuando sólo una parte pequeña del yo se identifica con el objeto, queda asegurada la parte restante con una cantidad suficiente de funciones no afectadas que permiten subvenir las necesidades del sujeto. Esto explica que muchos paranoicos puedan desempeñarse relativamente bien en su medio común y en sus actividades profesionales y sociales.