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El autor, fundador además del policlínico, nos dice que actuó inspirado en las palabras que Freud pronunciara en el congreso de Budapest. Ellas acentuaban la importancia que en ese momento tenía la extensión de los beneficios del psicoanálisis, llenando así una necesidad social.
En esa época en el Imperio Austro-Húngaro y en Alemania se planeaba la creación de institutos oficiales. La situación económica lo impidió y la iniciativa privada tuvo que tomar la delantera. Por medio de una donación privada y después de obtener el mandato de la Asociación Psicoanalítica de Berlín abrieron el policlínico en feb. de 1920. Surgió, entonces, el problema del tiempo; la solución fué buscar la colaboración de pocos colegas que en calidad de empleados dedicaron la mayor parte de su tiempo al policlínico.
Al comienzo trabajaban el Dr. Simmel, el Dr. Smeliansky y el autor de este artículo. Entre los tres dedicaban 14 horas por día. En 1920 se agregó el Doctor Harnik, en 1921 el Dr. Alexander, el Sr. Lampl y la Srta. Schott, dedicada a niños. Otros miembros de la Asociación Psicoanalítica tomaron casos en análisis. Además estaban los casos en análisis hechos por los candidatos (seis en esa época), bajo control.
Después de un tiempo se reorganizó. Eitingon quedó como director y el Doctor Simmel como co-director. Todos los miembros permanentes tenían sueldo, que no correspondía al esfuerzo realizado.
En dos años y medio llegaron al Policlínico unos setecientos pacientes, atraídos por el aviso de su apertura publicado en los diarios, por la chapa de la puerta, por amigos y médicos. No se hizo propaganda, a pesar de lo cual siempre había unos cincuenta pacientes en la lista de espera. Los pacientes eran de toda edad y clase social.