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El autor realiza en tres monos experimentos similares a los hechos en perros, ya reseñado en esta “Revista de Revistas”. Emplea estímulos eléctricos dolorosos que eran intensos y frecuentes e iban acompañados de estímulos auditivos, para provocar en dichos monos un estado de temor crónico. Ese temor trae como concomitancia fisiológica una hipersecreción clorhídrica crónica, no mediada por hipoglucemia, lo que no ocurre cuando el temor es agudo.
Según el autor, estos resultados prueban que la teoría de la emergencia de Cannon, que señala un aumento de las descargas simpático-adrenales y una disminución de las parasimpáticas en las emociones agudas, no puede trasladarse a las emociones crónicas. Es decir, que no puede hacerse lo de Alexander en cuanto a explicar con ella y con el concepto de “retirada vegetativa”, enfermedades psicosomáticas.
Uno de los monos de experimentación había pasado por un destete brusco, mientras que otro por un destete “natural”. Pero como ambos reaccionaron con una hiperclorhidria gástrica similar, el autor concluye que esta reacción está condicionada, simplemente, por el temor crónico y no, como señala la teoría de Alexander, por un aumento de las tendencias de dependencia oral a consecuencia de acontecimientos infantiles de tipo específico.
Garma