You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Este artículo se basa en el análisis de dos pacientes que sufrían de ideas y delirios de persecución: uno, llamado Herbert, era un joven de dieciséis años, y el otro, a quien llamaré X, tenía veinticuatro. Herbert2 vino al análisis porque siempre sentía que otros lo estaban observando en la calle y cuando respondía, en la esquela, y él aparecía ridículo. El análisis pronto reveló que su estado era más serio de lo que parecía al principio. Sus delirios de referencia eran tan serios que le estorbaban en sus actividades: hacían intolerable su vida en la escuela, y en la calle tenía que volverse cada pocos pasos para ver si lo observaban de atrás. Junto con estas ideas estaban también los delirios de persecución que él creía reales y que le traían una extraordinaria ansiedad.
En la primera consulta creyó que una cámara fotográfica estaba escondida en un cuadro, y que lo observaban, aún cuando no había nadie en la habitación. Otras veces pensaba que una serpiente salía del sofá o del cielo raso; también creía que en el aparador o detrás de la pared o en el sofá, estaba escondido un hombre con quien yo me comunicaba por golpes ligeros, etc.
Él mismo describía su estado de la siguiente manera: se sentía