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Se supone en los últimos tiempos que toda persona se encuentra en estado precanceroso y que enfermarse de cáncer no sería nada más que transformar el estado latente de enfermedad en uno manifiesto. Los autores emprendieron el presente estudio intentando descubrir en las historias y en el carácter de pacientes cancerosos un factor emocional específico que podría haber influido en que el estado precanceroso cambiara de “orden celular” en “caos celular”. Eligieron para esta investigación a enfermas de cáncer de seno, sin pretender dar por eso más especificidad a su problema. Lo que les interesaba era el hecho de la enfermedad cancerosa en sí y no la localización del tumor maligno. (Es una lástima que hayan prescindido de este enfoque específico en su investigación y que, por eso, en sus interrogatorios, hayan omitido aclarar los rasgos orales de sus enfermas, de obtener datos sobre lactancia, carga narcisística perteneciente a los senos, etc.).
Tomaron historiales psicológicos dinámicos y detallados de un grupo de cuarenta enfermas, siguiendo el tipo de investigación establecido por Alexander. Llegaron a conclusiones que, sin ser definitivas ni rotundas son, por el momento, de gran interés para futuras investigaciones. Estimulan a psicoanalistas y psiquiatras a seguirlos en este camino, lo que precisamente era uno de los fines de su trabajo.
El grupo de enfermas incluía mujeres entre veintisiete y setenta y nueve años. Los autores destacan como un hecho digno de atención y reflexiones, que las mujeres que se habían enfermado tempranamente mostraron rasgos mucho más neuróticos y una historia personal mucho mas anormal que las otras, que se habían enfermado en un momento tardío de su vida. Treinta y cuatro de las cuarenta mujeres eran casadas. De las seis restantes, cinco eran vírgenes. Veinticinco de las treinta y cinco que llevaban vida sexual eran absolutamente frígidas, cinco habían experimentado alguna vez un orgasmo y sólo cinco eran normalmente capaces de goce sexua