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El autor trata de explicar las motivaciones profundas que determinaron que un hombre como Gandhi, desprovisto de poderes y sin medios coercitivos, pudiera llegar a ser líder de una quinta parte de la población mundial.
Durante su juventud, el odio contra Gran Bretaña estaba extendido en toda la India y él se crió en esa atmósfera de rencores y deseos de reivindicación. Creía que su pueblo era débil porque no comía carne; a los quince años, se propuso comer carne, pero enfermó después de la primera experiencia. Esta situación le provocó tales sentimientos de culpa ante su padre, que le obligaron a confesar compulsivamente su pecado. Por otra parte, su ambivalencia lo impulsaba a querer liberarse de la dependencia paterna; como pudo verse posteriormente, su lucha por la independencia de la India no fué más que un desplazamiento del conflicto inconsciente con su padre, hacia quien experimentaba tanto sentimientos de amor, como de odio y venganza. A pesar de su severidad y de su estricto cumplimiento de las leyes religiosas que prohibían específicamente comer carne, en esta ocasión el padre reaccionó con muestras de amor e indulgencia, lo que provocó un cambio fundamental en su relación con él. Este episodio determinó que Gandhi abrazara la “doctrina de Ahimsa”, doctrina de la no-violencia que lo liberaba de sus sentimientos de culpa y necesidad de castigo, e influyó en su actitud respecto a Gran Bretaña, a quien apoyó durante la guerra.