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La frase de Freud: “La neurosis es el negativo de la perversión” no implica, según Gillespie, un contraste entre defensa y no defensa, sino una oposición entre las defensas regresivas del neurótico y mecanismos defensivos más primitivos de escisión o esquizoides del perverso. Para el autor, la perversión no es el resultado exclusivo de una defensa frente a una ansiedad de castración (Fenichel) o de una defensa frente a impulsos sádico-orales más primitivos (Klein), sino la resultante de una angustia de castración modificada por tendencias pregenitales, especialmente orales.
Los factores orales y los primitivos mecanismos esquizoides por sí solos no explicarían el hecho de que algunas perversiones, como el fetichismo y el exhibicionismo, sean incomparablemente más comunes en el sexo masculino.
Sobre la base del material presentado (cuatro casos), Gillespie afirma que el fetichismo y demás perversiones implican una regresión parcial desde la fase fálica, motivada por la ansiedad de castración, a etapas oral-sádicas, donde el desarrollo del yo y la relación de objeto se caracterizan por mecanismos de división del yo y del objeto.
La división del yo perverso permite que la parte no sexual del sujeto permanezca en un nivel fálico con una aparente conexión con la realidad, mientras la otra parte del yo es francamente psicótica.
La llamada ansiedad de castración sería producto no solamente de la comprobación de falta de pene del genital femenino, sino de fantasías latentes sádicas pregenitales, activadas por la regresión. Ante este sadismo, cuya proyección explica los frecuentes rasgos paranoides de perversos y homosexuales, la protección del objeto se logra en diversas formas: por retiro de