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El autor historia el desarrollo del estudio de la telepatía. Nos dice que, antes que la ciencia, la iglesia se ocupó de estos fenómenos, desarrollando una intensísima represión (fueron quemadas más de 30.000 brujas), y piensa que esta actitud generó el rechazo de la ciencia hacia estos temas. En 1882, en Cambridge, una junta de científicos estudió y dejó sentada la realidad de los fenómenos telepáticos. Actualmente en EE. UU. hay institutos universitarios dedicados a esos estudios. El psicoanálisis se ha ocupado poco de la telepatía, y una de las explicaciones que da el autor es la de que sus manifestaciones tropiezan con resistencias más profundas aún que las encontradas ante los anteriores trabajos psicoanalíticos. Cita a Stekel y a Freud y las palabras de este último cuando dice que los fenómenos telepáticos se rigen por las mismas leyes que lo inconsciente.
Para Eisenbud la utilización de la telepatía amplía la comprensión de la conducta humana, y muchas manifestaciones atribuidas a la casualidad o a la suerte adquieren un determinismo. Su empleo en las interpretaciones durante el tratamiento psicoanalítico ofrece las mismas características que toda interpretación de material inconsciente. Las dificultades en su empleo radicarían en las resistencias caracterológicas del analista.
Fidias R. Cesio