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Partiendo de sus estudios sobre la magia a raíz del trabajo antropológico, Roheim toma un mito de la magia: “Algo puede suceder en el presente o en el futuro porque sucedió en el pasado”, y las interpretaciones ready
made de diversos informantes, según los cuales los sueños significan que algo va a suceder, es decir, que tienen un sentido profético.
Saca así las siguientes conclusiones: 1) La libido es el material que forma la magia. 2) La libido es movilizada contra el superyo. 3) A veces, una cierta cantidad de agresión se funde con la libido. Y después de estudiar los sueños del pueblo de las islas Normanby y de varios pacientes, demuestra cómo el sueño cumple una función mágica y cómo el estudio de ésta es importante no sólo desde el punto de vista teórico sino también desde el punto de vista práctico. Para ello, al final del artículo, saca las conclusiones que se resumen a continuación:
El soñante trata de resolver los problemas actuales (resto diurno) por el sueño. Así, por medio de la regresión y de la representación, imagina los deseos del pasado, cumpliendo el principio antes citado de la magia.
La suposición de que el sueño posee una función mágica, es una secuela de la teoría de Jekels y Bergler, la cual acrecienta la importancia del resto diurno que, como tarea inconclusa, siempre lleva en sí el control y la prohibición del superyo ante la satisfacción del deseo sexual latente. La respuesta del ello a esta prohibición, tanto en el sueño como en la magia, hace que el hombre movilice todos sus recursos para defenderse de la frustración superyoica y sus prolongaciones. Éste desvía el pensamiento latente, es decir, el pensamiento mágico. Ahora bien, qué hace el analista cuando analiza sueños: a) al hacer la interpretación, ésta es considerada como mágica; b) el analista aparece como un hechicero y c) al reconstruir el pensamiento mágico o pensamiento latente, se convierte en el advocati díaboli, el aliado del ello. Roheim, más adelante, nos dice que existen d