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Es éste un resumen de conclusiones generales obtenidas en la experiencia clínica como determinantes de esta afección. Son las siguietnes:
La uretra como principal zona erógena. Se ve que si bien es una eyaculación desde el punto de vista de la sustancia emitida, es una micción desde el punto de vista de la manera de efectuarse el acto.
Las modificaciones de los impulsos masculinos activos. Estos pacientes sufren el deseo inconsciente de desempeñar el papel femenino, situación básica que se manifiesta por un deseo de pasividad sexual que se encubre por racionalizaciones o bien por una hiperactividad.
El narcisismo como una fuente de resistencia sexual. Una anormal sobrestimación del pene y de sus propios productos lleva al paciente a que esto se fije en su mente; el pene se rehusa luego a desempeñar su papel normal y solamente ensucia a su compañera, lo cual encierra una actitud ambivalente hacia el objeto.
Otras de las fuentes productoras de la eyaculación praecox en relación con el narcisismo es, según Abraham, el exhibicionismo y la concepción sádica del coito.
La base del tratamiento psicoanalítico de estos pacientes es llevar al paciente desde la actitud narcisística a una normal transferencia de sentimientos, y si el analista consigue remover el rechazo narcisístico a la mujer, se produce la liberación hacia el camino de las funciones sexuales normales.
Existen varios casos de severidad que a veces desaparecen sin ningún tratamiento, pero existe el riesgo de una recaída.
La intensidad del erotismo uretral y el valor placentero que a veces el paciente confiere al trastorno es lo que se opone a la curación.
Oscar A. Contreras