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Trata la autora de hacer comprender al maestro la necesidad de conocer lo que pasa en la mente del niño en edad escolar, sus pensamientos, intereses, actividades normales, desarrollo social, necesidad de actividad, de experimentar, etc.
Señala que el desarrollo mental no está dividido en etapas definidas y cómo para comprender a cada niño es necesario conocer su capacidad intelectual, así como su medio familiar y sus conflictos internos.
Destaca que los tests mentales, si bien son valiosos para delimitar la capacidad intelectual, no ofrecen sino una visión limitada de lo que el niño puede dar de sí y que el rendimiento intelectual está en gran parte condicionado por el tipo de experiencia pedagógica a que se somete al niño. Por ejemplo, el niño a quien se le ofrece la posibilidad de satisfacer sus intereses prácticos es más capaz de razonar con palabras y de formular hipótesis que aquel cuyo aprendizaje es teórico.
La A. estudia también inhibiciones parciales en el aprendizaje, especialmente en la lectura y la aritmética, expone los casos y deduce conclusiones. Estas últimas resultan pobres, pues el conocimiento analítico ha progresado mucho en ese campo.
Revisa los conceptos de memoria, imaginación, etc., y estudia los factores emocionales que pueden bloquear el desarrollo del lenguaje, el desarrollo social, etc.
Lo más valioso del libro es la descripción del material humano, la comprensión de los casos y la insistencia sobre la necesidad de favorecer la actividad y el desarrollo de intereses.
Reseña las conclusiones de Piaget sobre las reacciones del niño frente a los reglamentos, castigos, trampas, etc. Estudia las fluctuaciones entre el amor