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Una mujer adulta, española, buscó el tratamiento psicoanalítico justamente por sus ataques intensos de jaqueca. Huérfana de padre desde muy niña y alejada de su madre a la muerte del padre, pasó su infancia con familiares maternos que se condujeron bien con ella, aunque le inculcaron normas de conducta social severas. Inconscientemente se sintió como una pariente pobre atendida por familiares que no tenían la obligación de hacerlo y a los que debía estar muy agradecida y sumisa.
A los 5 ó 6 años tuvo tics en los ojos, posiblemente significando una defensa contra estímulos visuales psíquicamente hirientes y que hacían llorar, a lo que se añadió su percepción de la desolación hambrienta existente entonces en el país en que vivía, que correspondía también a la desolación afectiva de su propia vida familiar. De niña tuvo una concepción anal del coito, creyendo que para el embarazo y el desarrollo del feto era necesario, que diariamente los esposos orinasen y defecasen juntos en la cama. También en sus sueños durante el tratamiento psicoanalítico su genitalidad tomaba aspectos de algo anal o se convertía en ello.
Estudió intensamente, en un lugar que eligió lejano al de su familia. Tuvo complicaciones molestas con los compañeros. Ella políticamente defendía ideologías de bienestar, también con derechos sexuales amplios, pero que toleraba sólo en los demás y no en ella misma. Así cuando se enamoró de uno de sus condiscípulos, ambos decidieron que él se trasladase a otro lugar para evitar intimidades.
La primera vez que besó a aquel compañero reaccionó con edema angioneurótico en un labio. Siguiendo las explicaciones de su prima,