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Un médico cirujano de 28 años, solicitó el tratamiento psicoanalítico buscando la curación de un cuadro de jaqueca oftálmica que sufría desde los 16 años de edad, pocos meses después de la muerte de su madre. Se encontraba deprimido por el abandono de K., su amante, y este estado anímico agravó su cuadro jaquecoso. Tenía una personalidad manifiestamente obsesiva y numerosas fobias, la principal relacionada con los viajes.
Después de 3 meses de 5 sesiones semanales, suspendió su tratamiento logrando algunas modificaciones en el cuadro que me presentaba.
Nació en provincia, primogénito de una familia de cuatro hijos, después de él, nació una hermana y dos varones. Con el último, 16 años menor, falleció su madre por complicaciones puerperales ligadas a infección vesicular aguda en una antigua litiasis biliar.
La personalidad más fuerte era la del padre, carácter obsesivo con un alto sentido del honor y del deber que desde muy temprano trató de inculcar a su hijo. La madre dedicada por entero al hogar, se sometía al padre al que admiraba y temía.
Desde su nacimiento, el padre decidió encargarse de su educación. Su padre lo formó “como si se hubiera metido dentro de él”. Hablaban entre sí como lo harían dos adultos, se sentía orgulloso y trató siempre de no defraudar en nada a su padre. Se describe como un niño modelo, serio y lleno de problemas. Ahora adulto piensa que es también esclavo del deber y del reloj, jaquecoso y cumplidor. Es escrupuloso en el cuidado de su ropa y objetos personales, su ropero parece el de una señorita, pero aunque le complacería desordenarlo