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En el presente artículo, Frenen sustenta el principio de que los síntomas consecuentes a la frustración de una actividad tienen una mayor predisposición para comprometer a aquellos órganos que están sometidos a mayor tensión en el momento de producirse dicha actividad. Se refiere, entre otras cosas, a las cefaleas a las que, de acuerdo con su teoría, las considera como el resultado de la inhibición de una descarga motora. La actividad muscular no sólo es proyectada, como describe en algunos ejemplos, sino que además es negada; y en función de su principio de esperar el síntoma somático donde el órgano está sometido a mayor tensión el paciente padece la cefalea. Cita, como ejemplo, el sueño de un hombre joven que consistía exclusivamente en la reproducción de los genitales femeninos con el añadido de un pene. Mientras refería dicho material durante la sesión analítica, le apareció súbitamente una cefalea frontal que se prolongó varias horas. El sueño expresaba su defensa frente al deseo femenino de ser agredido sexualmente, deseo enlazado al temor a la castración. Pero tanto el deseo como el temor son proyectados y negados y sustituidos por una imagen visual; de ahí que en relación con la intensa fijación sobre dicha imagen, el paciente padezca la cefalea. Una imagen visual estática reemplaza la necesidad de una violenta actividad.
En otros ejemplos se puede apreciar, según el autor, que los mecanismos fisiológicos tratan de sustraer la energía desde un conflicto en el que interviene una descarga energética de índole motora para vehiculizarla a través de una intensa preocupación intelectual o de una fascinación visual. De acuerdo con este principio los pacientes, en dichos casos, padecerán cefaleas en lugar de dolores musculares.
León Grinberg