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La enferma, de 29 años, médica, con ataques intensos de jaqueca desde sus quince años. Era huérfana desde los dos años y desde los cuatro tenía una madrastra afectuosa con ella. Su orgasmo genital era bueno. Fué tratada parcialmente en 75 sesiones psicoanalíticas que se espaciaron en el transcurso de 19 meses.
Ya en su segunda sesión percibió la enferma su angustia ante mujeres y su necesidad de apoyarse en el marido, al que desvalorizaba. En la tercera sesión surgieron sus deseos de los once años hacia su padre y su rivalidad con su madrastra y su fracaso edípico. A esa edad no tuvo sentimiento de culpabilidad, porque su complejo edípico normal fué interrumpido bruscamente a los dos años por la muerte de la madre.
En el curso ulterior del análisis fué viéndose gradualmente cómo la enferma había evitado siempre el enfrentar el trauma de la muerte de la madre. Sus defensas consistían en echar al padre la culpa por el abandono en que le había dejado la madre y la rabia que ello le había producido. De habérsela hecha consciente su rabia le hubiese aterrorizado. Pero suponiendo que los hombres eran culpables de todo y que son ellos los que abusan de las mujeres, la enferma quería evitarse conflictos.
A los 11 meses del tratamiento volvió a resurgir el conflicto edípico de los 11 años, que encubría el de los dos años, el que a su vez encubría los conflictos más intensos y angustiantes de la dependencia preedípica de la enferma de su madre. Se le hizo entonces consciente que sus dolores de cabeza, que repitió en el tratamiento, estaban relacionados específicamente con ideas referentes a niños dependientes, a partos mortales y a la muerte de la madre. Con ello la enferma por primera vez pudo reaccionar a la muerte de la madre, ocurrida à los dos años, produciendo emociones intensísimas de espanto y de sentirse abandonada.
Posteriormente en el tratamiento manifestó su rabia a la madre por haberse muerto y haberla abandonado y el sentimiento de culpabilidad por la rabia.