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En este trabajo expondré parcialmente el caso de una paciente de veintisiete años de edad, siendo mi propósito demostrar cómo la búsqueda de la expresión a través de la creación literaria, representaba para Diana un intento de reparación de los objetos internalizados. Daré a continuación algunos datos que desempeñaron un papel importante en su evolución psíquica.
Cuando Diana vino a verme por primera vez, sufría de una seria depresión con una fuerte tendencia al autismo y rasgos esquizoides. Al mismo tiempo denotaba muchos mecanismos histéricos que autorizaban a ser menos pesimista en cuanto al pronóstico. Tenía una vida sexual bastante intensa y disculpándose decía: “No sé decir que no”. Era de carácter específicamente masoquista. Tenía una gran capacidad de “insight”.
Diana había hecho una primera tentativa de tratamiento analítico con un médico extranjero, que interrumpió a los pocos meses de haberlo iniciado. En el curso de su análisis conmigo, el reproche más patente que la paciente hacía al médico en cuestión, era que tenía una voz dura, cortante, una voz, según ella, “que juzga y condena”.
Tenía una hermana mayor que durante el primer período del análisis desempeñaba un gran papel en la vida de la paciente. Era un substituto de la madre al cual Diana estaba muy sometida. Siendo niñas habían dormido en el mismo cuarto y la paciente se acordaba de juegos sexuales entre las dos. Nacieron cuatro hermanos más. El que sigue a la paciente es un varón que murió a los diez y ocho meses de edad. Según Diana, “de una enfermedad rara, posiblemente