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El autor describe sus experiencias personales en relación al fenómeno de Isakower y a la pantalla del sueño. Experimentó el primero teniendo tres años. Se le aparecía una típica masa amorfa que, acompañada por un rugido, se aproximaba a él. En el centro se distinguía una depresión o una elevación. Por fin la masa, ahora gigantesca, estaba casi en su rostro y lo amenazaba destruir, entonces despertaba aterrorizado. Atribuye el carácter de pesadilla de esta experiencia al contenido edípico que tenía.
Posteriormente, cuando ya tenía seis años, sobre la masa amorfa que aparecía en sus sueños comenzaron a dibujarse figuras. Simultáneamente estos sueños perdieron su carácter de pesadilla y no le interrumpieron el dormir.
Termina el autor correlacionando el hambre, la sed de conocimientos, con el deseo del pecho materno.
Fidias R. Cesio