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Mark Twain, a los sesenta y cuatro años y con una larga historia de enfermedades físicas, se sometió al tratamiento osteopático. Halló alivio para muchos síntomas, se renovó “mental y físicamente” y se convirtió en entusiasta partidario de los métodos empleados. Un breve estudio de sus escritos, de su historia personal y de los comentarios de varios amigos sobre sus “afectaciones” hipocondríacas y pesimistas permiten considerar que Mark Twain tenía formaciones reactivas compulsivas para oponerlas a exigencias sádicas inconscientes. Para esta conclusión se aducen incidentes de su vida y ejemplos de sus trabajos literarios. Su “cura” osteopática es un punto de partida para estas observaciones.
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