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Valiéndonos del concepto de Hartmann sobre neutralización de la perturbación esquizofrénica del yo, hemos llegado a suponer que la incapacidad del yo de neutralizar los impulsos agresivos constituye la esencia del desorden del yo.
Conduce a experiencias propias que llevan al miedo de cambios más íntimos, pérdida de control y finalmente pérdida de la personalidad.
Libera el impulso agresivo y expone así el objeto a la destrucción. Dependiendo quizá de factores cuantitativos, la defensa contra la agresión es tratada por retracción, proyección y grados variables de regresión del yo al punto de su fase indiferenciada.
En la fase indiferenciada consideramos conjuntamente una indiferenciación de la libido y la agresión y suponemos una relación preafectiva entre el yo y el objeto.
Finalmente, volviendo a examinar la diferencia entre neurosis y psicosis, sugerimos que la neurosis es una defensa sin éxito contra la libido, mientras que la psicosis es, sobre todo, una defensa sin éxito contra la agresión.
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