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Los problemas en el análisis del candidato “normal” pueden resumirse de la siguiente manera:
Hay una perturbación real en su “relación de sentimientos” (Jones). Vive en términos de una fachada cuya estructura es modelada por su medio. Esto proporciona una gratificación oportunista de sus instintos en virtud de su superposición con las exigencias del medio.
Ésta es la consecuencia final del desenvolvimiento de una personalidad “adaptada”, “una organización del organismo”, como lo expresó Hartmann, cuya adaptación es apropiada a su cultura y pasa así como normal. Pero no está adaptada al psicoanálisis, que necesita estar libre de la influencia gravitante de una cultura particular y que es incompatible con oportunismo y compromiso.
Se convierte en tarea del analista dar ante todo una oportunidad para probar una nueva realidad, la situación analítica, para establecer su integridad y para probar su pertinencia a la naturaleza básica de la persona. En este contexto, y considerando la conducta culturalmente determinada “normal” como una resistencia, podemos tratar de movilizar el conflicto hecho latente por la cultura y así, al final, analizar las vicisitudes de la libido misma.
Éste es un tema muy vasto. Nosotros podemos no ser capaces de satisfacerlo. Pero nuestros candidatos, como los encontramos, son el futuro del psicoanálisis. No podemos evadir nuestra responsabilidad de tratar de asegurar ese futuro.
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