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El autor estudia a un paciente de treinta y nueve años que desde hacía un año y medio experimentaba síntomas de hipertensión. La anamnesis reveló un hecho particularmente traumático, la muerte de la madre, ocurrida aproximadamente dos años antes de la clara eclosión de sus síntomas.
Durante los exámenes, cada vez que apareció el recuerdo de su madre, el paciente acusó un estado de intensísima angustia, y simultáneamente se comprobaba un aumento de las pulsaciones y de la presión arterial.
Navarro recalca el papel importante que tuvo en la evolución de este enfermo de tendencia constitucional hipertensiva el estado de angustia permanente ocasionado por la pérdida de la madre, hecho que aparece en el primer plano emocional del paciente. Se citan comprobaciones sobre las relaciones existentes entre emoción e hipertensión, emoción e isquemia renal, isquemia renal e hipertensión y relaciones entre centros hipotalámicos hipertensores y centros diencefálicos y corticales de la afectividad.
El autor termina diciendo que hoy ya no puede ponerse en duda la etiología psíquica en la hipertensión.
G. Amici di San Leo